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lunes, 23 de marzo de 2009

ASESINO

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Una noche más cae la lluvia sobre la ciudad. Ya no recuerdo la última vez que vi la luz de la luna o el sol. Todo está en calma, un llanto de un bebe rompe el silencio y una vez su madre lo logra callar el llanto queda ahogado en sonido de la lluvia. Yo avanzo lentamente por la calle, la lluvia se desliza por mi abrigo de cuero negro, me fundo con la noche, soy una sombra en la oscuridad.

La puerta está cerrada, con la habilidad que me caracteriza en dos segundos la puerta se abre, no hay cerradura que se me resista. Las gotas caen en el rellano y avanzo sin dejar huellas pese a mis suelas mojadas. Las escaleras son estrechas y antiguas, pero pese a su maltrecha madera ningún sonido se produce mientras las subo, el sigilo es mi mayor aliado en mi trabajo.

Ella está en la ducha, en su piso se puede oír como cae el agua, yo espero en su armario tranquilo y paciente. Ella vuelve a su cuarto envuelta en la toalla, la cual al poco tiempo deja caer, a penas me inmuto al ver su cuerpo desnudo, no me gusta mezclar trabajo y placer.

Por fin duerme, el momento ha llegado. Respira suave y pausadamente pero pronto la respiración se ve agitada, la almohada que he colocado sobre su rostro la hace revolverse y quedarse sin respiración. Pronto ya no queda vida en aquellos ojos, las fotos que pensaba publicar ya no verán la luz, ya he terminado mi trabajo. Así me gano la vida, mato a gente por dinero, soy asesino.

miércoles, 18 de marzo de 2009

VAMPIRO

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Tiene sed de sangre. Su piel es fría, cualquiera pensaría que por sus venas corre hielo. La noche lo envuelve, su cabeza se vuelve loca, su olfato se agudiza y pronto ya nada lo puede parar. Se desliza por las calles como una sombra, sombra en la oscuridad, nadie lo ve. Su pálido rostro a penas se distingue entre callejones de las partes bajas de la ciudad.

Y allí esta ella, su alimento, una joven perdida en la noche. Tiene una cara dulce, su sonrisa haría pensar que es la más feliz del mundo y su pelo semejante a un campo de trigo se desliza bajo sus hombros. Todo una mascara de inocencia para ocultar la realidad, cada noche con un hombre, cada noche ganando dinero por sexo y demencias de la gente que se aprovecha de ella. Restos de carmín en cientos de hombres de la ciudad que apresuradamente limpian antes de llegar con sus mujeres, pero esta será la última noche que deja la huella de sus labios en algún cliente. Está sola, lejos de su casa, perdida vagando por los callejones, y allí está él, de pie, observándola.

Su rostro se descompone y el miedo se apodera de ella, pero pese a ello no puede dejar de mirarlo. Una extraña atracción la hace quedarse quieta, mirándolo, deseándolo. Él se acerca, la mira, el olor es cada vez más fuerte y su deseo por alimentarse es insoportable.

Pronto sus labios se acercan a su cuello, nota el palpitar de la sangre corriendo por aquel nexo de carne entre la cabeza y el cuerpo de la joven. Poco a poco sus dientes toman contacto con la noche aproximando los afilados colmillos al cuello de la joven. El mordisco es suave y pronto nota como la sangre le da la vida, se siente pleno, sus fuerzas vuelven a estar restablecidas. Se separa del cuerpo mientras este cae y en segundos vuelve a las sombras de donde salió perdiéndose en la noche.

Ella abre los ojos, se siente desorientada, su corazón ya no late y en cambio todo lo que la rodea es muy real para ser tan solo un sueño. Un fuerte dolor se clava en su cuello, nota como la herida la arde, un cambio está sucediendo en su cuerpo. Ha pasado varios días en aquel callejón, pero no tiene hambre, solo nota frío y una sensación recorre su cuerpo, tiene sed, sed de sangre.

martes, 17 de marzo de 2009

NOCHE EN EL FARO

El mar arrullaba las afiladas rocas con sus olas que rompían el silencio de la noche. La luz de la luna se veía eclipsada por las nubes que avisaban de la gran tormenta que se avecinaba.

Aquella joven se encontraba en lo alto del faro abandonado, sus lágrimas se prolongaban en sollozos y sus sollozos terminaban en llantos. El dolor era fuerte, aquel corazón desgarrado moría lentamente en su interior. La tormenta llegó y el llanto fue callado por el rugir del cielo. Los ojos se cerraron y con suavidad se precipitó al vacío con la lluvia.

Mientras caía recordaba como esa noche su amado había fallecido. Los celos la volvieron loca y hundió ese cuchillo en su pecho intentando aplacar el dolor con la muerte de aquel hombre. Pero aquel hombre era lo que más amaba en la vida y su muerte no había hecho más que acrecentar aquel dolor. Por ello en ese momento caía al vacío esperando volver a verle cuando su cuerpo se estrellase contra las rocas.

Aquella noche los celos la volvieron loca y la mataron, pero su amor es lo que realmente la hacía sentirse viva.

lunes, 16 de marzo de 2009

MUERTE DE UN ANIMAL


Aquella niebla cubría toda la ciudad, aquella maldita niebla ocultaba una sociedad en decadencia. Las calles infestadas de delincuencia, yonkis y putas, la luna filtrandose entre la niebla y la lluvia limpiando la sangre de las aceras.

Hoy ha habido un asesinato, uno que destaca entre toda la miseria y muerte a la que apesta la ciudad, uno que entre muchos otros es especial.

Ella se encontraba minutos antes sentada en el salón cuando la puerta sonó al cerrarse y se volvió aterrada al ver a aquella bestia con los ojos inyectados en sangre. Ella suplicó mientras se arrinconaba contra la pared, pero aquella alimaña de dos patas la levantó agarrandola por el cuello con sus zarpas. Ella gritaba mientras aquellas sucias garras la abofeteaban y la arrojaban contra los muebles de la casa. Los llantos fueron ahogados por el dolor, pero pese a este consiguió zafarse de la fiera y correr a la cocina.

Cuando aquel monstruo entró en aquel cuarto no vio nada, avanzó lentamente y pronto notó aquel gélido cuchillo atravesándolo por detras. Se giró y la mujer siguió acuchillándole hasta que finalmente cayó sobre las baldosas blancas tiñéndolas de rojo. Ella lloró se sentó en el suelo rodeada por aquel rio rojo que inundaba la cocina. Aquel animal había recibido su merecido, se llamaba John, y era su marido.

jueves, 5 de marzo de 2009

MUERTE POR AMOR



Es de noche el viento se desliza entre los árboles mientras un frio helador recorre mi espalda, el cielo lleno de nubes grita con valor rugiendo sus relámpagos, la lluvia cae sobre mi cara, es fría, me congela la cara gota tras gota, y las gotas se confunden entre mis lagrimas. Tan solo el sonido de la lluvia al caer sobre las hojas de los árboles tapa mis llantos. Su rostro esta helado, pálido y sus ojos cerrados, ella está envuelta en un sueño del que nunca despertará, yo la amaba, la quería con mi alma, pero aquel cuchillo perforo su corazón y tiño de rojo su blanco vestido.

Ay amor mío, despierta por favor, mira, la sangre se ha ido, la lluvia la limpió, ya no sangras, despierta por favor. Pero sus ojos no se abren, mis sollozos caen como la lluvia sobre ella, ya no se que limpió la sangre si fue la lluvia o mis lagrimas.

La abrazo, la beso, rezo porque la calidez de mi corazón la haga despertar, pero nada ocurre, ella sigue entre mis brazos, fría, muerta, sin nada que decir. ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué atravesaste tu corazón con ese puñal? ¿No eras feliz? ¿No me querías? ¿Por qué me abandonas? ¿No ves que te necesito? Ay amor, para mi lo eres todo, y ahora que te has ido nada tiene sentido. Tus besos, tus caricias, todo se ha ido contigo, mis lamentos nada valen ya, tú ya no estas, y yo sin ti no puedo vivir.

El cuchillo estaba afilado y brillaba a la luz de los relámpagos, fue fácil, solo lo alcé y al instante entró en mi corazón. No sentí dolor, el corazón ya había muerto dentro de mí antes de apuñalarlo. Ahora siento frió, tengo sueño, ya te veo, estas ahí, ya voy contigo amor espérame. Que hermosa eres, pensé que te había perdido, pero aquí estas, me siento débil, sin fuerzas y cada vez te veo mas cerca sonríes y tu sonrisa me hace feliz. Siento como mis parpados se cierran, muero, por fin acabó todo amor mío.

miércoles, 4 de marzo de 2009

LA HABITACIÓN OSCURA



La luz era débil, la oscuridad envolvia aquella habitación. Él se encontraba en una silla mirando esa tenue luz que poco a poco aumentaba. El frio era intenso, el corazón latía despacio y ese sonido no dejaba de resonar en la habitación, un tic-tac rudo y seco que golpeaba contra las paredes. Pronto sonaron las campanadas que daban las 11 y de nuevo silencio dando paso al sonido del péndulo.

La habitación estaba vacia, tan solo una alfombra roja rodeaba la silla en la oscuridad. Sobre esa goteante mancha roja se encontraba también aquel filo que había frabricado aquel charco. Una lamina de acero revestida por una empuñadura de plata y que ahora se encontraba teñida de rojo.

La luz se hacía más grande y el dolor comenzaba a desaparecer. El péndulo seguía moviéndose pero el sonido parecia cada vez más lejos, el corazón ya no latía y la luz llenó la habitación. Sus ojos se cerraron, su alma voló, estaba muerto.