Hoy he soñado con tus cuentos, con aquellos días en los que leerte me hacía sumergirme en la oscuridad. Hoy recuerdo como tu mente plasmaba fantasías y horrores en un papel mientras la tinta hacía el resto. Por eso hoy, precisamente hoy, te escribo esta carta.
El mundo parece caer en una oscuridad propia de tus cuentos. Las personas piensan en sí mismos y las guerras dejan tras de sí destrucción, tristeza y terror. Aquel terror psicológico del que nos hacías participes hoy está presente en el alma de las personas que viven con miedo. El valor es una cualidad en decadencia, son poco los valientes que luchan por lo que piensan y por lo que sienten, conformándose la mayoría por la vía más fácil y cómoda. ¿En qué nos hemos convertido?
Hoy tus obras han cobrado vida, el horror es real, cobra vida en la noche, en la oscuridad de las calles. Tu arte de impactar hoy en día no tendría efecto sobre muchos jóvenes que se deleitan con la violencia y lo cruel llegando a no producir efecto alguno y transformarse en algo cotidiano.
Las lágrimas resbalan por las estatuas de tu cementerio, lágrimas de un cielo que esta noche llora por ti. Echa de menos tu corta vida en la que tanto diste, una vida para el recuerdo, vida de sufrimiento, sufrimiento como el que el mundo vive hoy en día. Y entre sufrimientos y vidas un recuerdo, el de tus obras algo que pese a la decadencia y el paso del tiempo jamás olvidaré.