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miércoles, 27 de mayo de 2009

MOTEL DULCES SUEÑOS

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Era de día, el sol se filtraba por la ventana de aquella habitación y las cortinas parecían haber sido blancas hace tiempo, ahora eran amarillentas y por algún motivo las moscas sentían cierta atracción por ellas.

Motel Dulces Sueños, así se anunciaba aquel lugar en la carretera. A ella, la había conocido la pasada noche y ahora yacía en la cama. Fue una noche espectacular, pasamos horas y horas bajo esas sábanas empapándolas de sudor y fundiéndonos una y otra vez. El neón del motel alumbraba en pequeñas ráfagas aquella oscuridad llena de gemidos.

El calor en aquel lugar era asfixiante, y el olor nauseabundo del cuerpo inerte de aquella mujer aumentaba por momentos. La sangre bañaba la cama tiñendo de rojo el amanecer mientras yo cuidadosamente lavaba el cuchillo. Con cuidado guarde el corazón extraído de su cuerpo en un frasco y lo oculté en mi mochila.

Su corazón fue cautivado por mí desde el primer momento en que la vi. Bailamos, bebimos, charlamos e introduje la pastilla en su bebida. Después de aquello todo fue más fácil, solo tuve que esperar los efectos de la droga y decirla que todo iría bien mientras subíamos a mi coche.

Envolví el cuerpo con las sábanas y psue otras nuevas con cuidado de limpiar meticulosamente la habitación. Aproveché un instante en el que nadie mirase y metí el cuerpo en mi maletero. Subí junto a mis cosas al vehículo y en pocos segundos arranqué el motor. Ni un nombre, ni nada que saber sobre ella, solo un número. 11, el número de las muertes que llevo con esta y de corazones cautivados que adornarán mis estanterías recordando mis amantes.

miércoles, 1 de abril de 2009

UNO, DOS Y TRES

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Uno, dos y tres. Tres son los muertos que había dejado tras de sí aquel revolver. Restos de sesos habían decorado las paredes de la habitación al reventar sus cabezas.

Tres, dos y uno. Uno es el asesino que sin sentimientos acabó con sus vidas.

Uno, dos y tres. Tres disparos, no hicieron falta más, la precisión de ese hombre era mejor que la de los otros tres.

Tres, dos y uno. Uno era el número de millones que cobraría aquel sicario por su trabajo.

Uno, dos y tres. Tres peces gordos habían muerto en una reunión clandestina, no tanto después de todo.

Tres, dos y uno. Un segundo, no bastó más para arrebatarles sus vidas y dejar que la muerte visitase el cuarto, visita corta e intensa.

Uno, dos y tres. Tres balas con los nombres de los niños explotados y muertos tras abusos sexuales y experimentos con drogas. Niños víctimas por culpa de aquellas alimañas.

Tres, dos y uno. Un vengador, una razón y una acción. Pero ¿Y el dos? Dos un puente que nos lleva al final de todo, un final marcados por el tres, tres cadáveres con uno mismo destino, su muerte. Y todo ello en uno, dos y tres…

domingo, 29 de marzo de 2009

MUERTE BAJO LA LLUVIA

LuzOscuridad

La lluvia empapaba su rostro, sus lágrimas no se distinguían entre las gotas de lluvia, solo los truenos podían sollozar sus llantos. La oscuridad de la noche en esos momentos era cual manto oscuro que cubre una triste historia que no debe ser recordada, y su soledad no era nada en comparación a una gélida muerte en el mismísimo fin del mundo.

Hoy su vida ya no volverá a ser como antes, hoy su vida es sesgada por un puñal que desgarra su alma ahondando tan profundamente que nada en este mundo le importa ya. Solo una luz ilumina el camino, una luz que es la única salida y que no sabe como llegar a ella, luz cegadora de la esperanza que le impulsa a seguir con su vida y no atravesar su corazón con el helado metal que sostiene sobre su mano derecha. ¿Pero ahora ya que importa? Vivir para ser recordado como uno más o morir y ser hallado con su cuerpo inerte como una víctima más de esta cruel vida que poco a poco desliza sus dedos para robarnos la felicidad.

La mancha roja ya ha comenzado a cubrir su amarillenta camisa manchada por el paso del tiempo y el barro, el cuchillo cae al suelo, el subconsciente obró mas rápido que el corazón, ahora muere y mientras ve como su vida se desvanece ante sus ojos ve soledad y momentos en los que no estuvo solo, el perder esos momentos es algo que no pudo soportar su razón y no podía existir sin ellos.

Una luz se alza ante el, un ángel envuelta en ella, ¿la salvación? seguir esa luz blanca es lo único que le queda, ojalá ese ángel le traiga mas suerte que lo que su fría alma fue capaz de darle sobre esta pequeña parte del universo que denominamos tierra.

miércoles, 18 de marzo de 2009

VAMPIRO

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Tiene sed de sangre. Su piel es fría, cualquiera pensaría que por sus venas corre hielo. La noche lo envuelve, su cabeza se vuelve loca, su olfato se agudiza y pronto ya nada lo puede parar. Se desliza por las calles como una sombra, sombra en la oscuridad, nadie lo ve. Su pálido rostro a penas se distingue entre callejones de las partes bajas de la ciudad.

Y allí esta ella, su alimento, una joven perdida en la noche. Tiene una cara dulce, su sonrisa haría pensar que es la más feliz del mundo y su pelo semejante a un campo de trigo se desliza bajo sus hombros. Todo una mascara de inocencia para ocultar la realidad, cada noche con un hombre, cada noche ganando dinero por sexo y demencias de la gente que se aprovecha de ella. Restos de carmín en cientos de hombres de la ciudad que apresuradamente limpian antes de llegar con sus mujeres, pero esta será la última noche que deja la huella de sus labios en algún cliente. Está sola, lejos de su casa, perdida vagando por los callejones, y allí está él, de pie, observándola.

Su rostro se descompone y el miedo se apodera de ella, pero pese a ello no puede dejar de mirarlo. Una extraña atracción la hace quedarse quieta, mirándolo, deseándolo. Él se acerca, la mira, el olor es cada vez más fuerte y su deseo por alimentarse es insoportable.

Pronto sus labios se acercan a su cuello, nota el palpitar de la sangre corriendo por aquel nexo de carne entre la cabeza y el cuerpo de la joven. Poco a poco sus dientes toman contacto con la noche aproximando los afilados colmillos al cuello de la joven. El mordisco es suave y pronto nota como la sangre le da la vida, se siente pleno, sus fuerzas vuelven a estar restablecidas. Se separa del cuerpo mientras este cae y en segundos vuelve a las sombras de donde salió perdiéndose en la noche.

Ella abre los ojos, se siente desorientada, su corazón ya no late y en cambio todo lo que la rodea es muy real para ser tan solo un sueño. Un fuerte dolor se clava en su cuello, nota como la herida la arde, un cambio está sucediendo en su cuerpo. Ha pasado varios días en aquel callejón, pero no tiene hambre, solo nota frío y una sensación recorre su cuerpo, tiene sed, sed de sangre.

lunes, 16 de marzo de 2009

MUERTE DE UN ANIMAL


Aquella niebla cubría toda la ciudad, aquella maldita niebla ocultaba una sociedad en decadencia. Las calles infestadas de delincuencia, yonkis y putas, la luna filtrandose entre la niebla y la lluvia limpiando la sangre de las aceras.

Hoy ha habido un asesinato, uno que destaca entre toda la miseria y muerte a la que apesta la ciudad, uno que entre muchos otros es especial.

Ella se encontraba minutos antes sentada en el salón cuando la puerta sonó al cerrarse y se volvió aterrada al ver a aquella bestia con los ojos inyectados en sangre. Ella suplicó mientras se arrinconaba contra la pared, pero aquella alimaña de dos patas la levantó agarrandola por el cuello con sus zarpas. Ella gritaba mientras aquellas sucias garras la abofeteaban y la arrojaban contra los muebles de la casa. Los llantos fueron ahogados por el dolor, pero pese a este consiguió zafarse de la fiera y correr a la cocina.

Cuando aquel monstruo entró en aquel cuarto no vio nada, avanzó lentamente y pronto notó aquel gélido cuchillo atravesándolo por detras. Se giró y la mujer siguió acuchillándole hasta que finalmente cayó sobre las baldosas blancas tiñéndolas de rojo. Ella lloró se sentó en el suelo rodeada por aquel rio rojo que inundaba la cocina. Aquel animal había recibido su merecido, se llamaba John, y era su marido.